Análisis: Ninja Gaiden II

A quien le ha gustado el Ninja Gaiden no se decepcionará con su sucesor Ninja Gaiden II, una vez que repite, sin grandes novedades, el éxito conquistado anteriormente con algunas modificaciones casi imperceptibles: escenarios, armas, golpes, jefes, etc., dentro de una trama que ya conocemos y repleto de la acción que solamente ese tÃtulo nos puede traer. Resaltando que a pesar de discretos, los cambios en cuanto a la calidad de gráficos son impactantes y se nota el cuidado que han tenido con los detalles.
La historia se desarrolla en una futurista Tokio y en una Nueva York en ruinas, donde el villano roba un objeto capaz de abrir las puertas del infierno y obviamente cabe a nuestro protagonista, el conocida ninja Ryu Hayabusa perseguirlo hasta los confines del mundo para impedir que ese acontecimiento asole la Tierra.

El juego cuenta con fases largas y una presentación que da sueño, pero se desarrolla de forma ágil e interesante, con luchas sangrientas y veloces sin grandes misterios. Quizás ese sea uno de los puntos fuertes del Ninja Gaiden; la posibilidad de realizar los golpes más fantásticos seguidos de combos inimaginables sin tener que romperse la cabeza con comandos imposibles. La jugabilidad continúa siendo increÃble y facilita aun más nuestra interacción con el ambiente.
A pesar de las acrobáticas peleas y la sangre que veremos salpicar por todas las partes, el juego cuenta con una violencia subliminal; nos acostumbraremos a decapitar cabezas y aunque veamos con cierto realismo al enemigo caer al suelo en trocitos, eso no lo convierte en una escena molesta.

Los contrarios como siempre no dan tregua y disponen de una rapidez que mueve el juego a un ritmo acelerado, tÃpico y único en el game. La banda sonora es una mezcla de canciones tradicionales japonesas con música algo electrónica, a fin de cuentas hablamos de Hayabusa, el ninja más preparado y más contemporáneo de todos los tiempos.
Resumidamente el juego es interesante y agradara sobre todo los que ya han tenido oportunidad de jugar su antecesor. Aquellos que no lo hicieron, cuidado, aunque sea bien cuidado y poco monótono, posee un desarrollo que nos es fácil de acompañar.


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